La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud
sexual y reproductiva como un estado de bienestar físico, social y mental que
acompaña al ejercicio de la sexualidad y la reproducción, No se trata sólo de
la ausencia de enfermedades o problemas, implica que los individuos tienen la
capacidad de reproducirse, lo que conlleva la regulación de la fertilidad, sin perjuicio
de su salud, acompañado de una sensación de seguridad en el ejercicio de las relaciones
sexuales y reproductivas.
Con lo anterior, se está implicando el papel protagónico tanto
de las mujeres como de los hombres en las decisiones que les afectan como seres
humanos libres, desde el punto de vista del ejercicio de la sexualidad y la
reproducción. Por ello, cada vez más se están llevando a cabo campañas que
promueven la salud sexual y reproductiva en la cual todos los individuos pueden
mejorar su calidad de vida.
Está demostrado que existe una estrecha relación entre el
mayor conocimiento sobre este tema y la satisfacción de las necesidades
prácticas mediante el control y espaciamiento del número de hijos que se
quieren tener, especialmente por parte de las mujeres. Por ello, la planificación
familiar puede ayudar a que se incrementen las oportunidades de ingreso a la educación
en todos los niveles, así como la participación laboral y comunitaria.
La mayor promiscuidad presente en los hombres no solo les
afecta a sí mismos, sino a sus parejas estables; pero, debido a los roles
estereotipados, la mujer cuenta con un espacio restringido en su hogar para
plantear el tema de la planificación familiar y la salud sexual y reproductiva,
porque tradicionalmente es el hombre el encargado de tomar decisiones con respecto
al número de hijos que desea tener e, igualmente, frente a las prácticas
sexuales que mantiene con su pareja. Paradójicamente, ella siente temor de ser
acusada de infidelidad.
Además de los mitos y tabúes, dentro de las razones que
tienen los hombres para evitar el uso del preservativo, por ejemplo, se
encuentran el temor a perder la erección al utilizarlo y la pérdida de
sensibilidad en el contacto genital; y, por parte de las mujeres, el temor a
sufrir irritaciones vaginales por el roce o por las sustancias de fabricación
del preservativo.
Pese al supuesto control que ejercen los hombres en la
sexualidad, son ellos quienes presentan menor acceso a servicios de salud
sexual y reproductiva, porque perciben que están dirigidos a las mujeres. Es
necesario, por tanto, brindar mayor educación a las mujeres y a los hombres
para llevar una vida sexual libre de enfermedades, lesiones, dolores o riesgo
de muerte. Asimismo, ejercer su sexualidad libre de vergüenza, temor,
culpabilidad o mitos y tabúes, con el fin de disfrutar del derecho a la
integridad corporal y a controlar su propio cuerpo en el marco de la ética
social y personal.
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